Entendemos las emociones como una fuerza vital interna, son nuestro “motor interno”, el movimiento de la vida, la energía que nos activa internamente. Desde el ámbito escolar nos parece de suma importancia trabajar la inteligencia emocional.
En nuestra etapa de infantil,pretendemos los siguientes objetivos, adaptados a las características de nuestro alumnado (3 años, 4 años, 5 años):
-Reconocer las propias emociones: tristeza, alegría, miedo, rabia, amor…
-Reconocer en los otros las emociones de tristeza, alegría, miedo, rabia, amor…
-Expresar emociones a partir de situaciones reales.
-Aprender a reconocer emociones agradables
-Aprender a mostrar los propios sentimientos a través de la expresión corporal y facial.
-Representar emociones mediante simulaciones.
-Aprender a usar la empatía como medio para conocer las emociones de los demás.
Para llevar a cabo este proyecto contamos con un variado material bibliográfico que nos parece muy útil para trabajar tanto en casa como en la escuela. Aquí os dejamos una representación de distintos textos esperando que sean útiles.
El título que nos ha servido de introducción para este proyecto: "El monstruo de colores". Mediante el uso de colores identifica las emociones básicas por lo que resulta muy visual y significativo para los niños/as.
En esta colección conoceremos las emociones básicas de forma adecuada para los pequeños guiados por su protagonista, un conejo blanco. Al final de cada libro aparece unas notas orientadoras para padres y educadores.
Esta colección presenta historias mas elaboradas donde se dan situaciones propias de la vida de nuestros niños/as.
Por último, os presentamos una variedad de títulos que resultan muy útiles como "fondo de armario" para trabajar las emociones.
En próximas entradas os iremos contando como vamos avanzando en la gran aventura de conocer y compartir las emociones. (Ciclo E.Infantil.del CEIP EL Manantial)




¿Cuáles son los orígenes de Halloween? El verdadero origen de esta fiesta anglosajona es milenario y de variada procedencia. Halloween tiene una raiz céltica y otra romana. Los romanos dedicaban la fiesta denominada Feralia al descanso y la paz de los muertos, haciendo sacrificios y elevando diversas plegarias a sus dioses paganos. También los romanos dedicaban una festividad a Pomona, la diosa de las cosechas y los frutos, cuyo símbolo es una manzana . Pero con anterioridad, ya los pueblos celtas de Irlanda, Gales, Escocia y norte de Francia, así como el norte de España, celebraban la festividad llamada Samhain. Samhain o La Samon era un festival que ocurría entre finales de octubre y principios de noviembre, un rito en que se celebraba el final de la temporada de las cosechas y el comienzo del invierno. Los druidas, auténticos sacerdotes o chamanes célticos, creían que en una determinada noche, la del 31 de octubre, las brujas gozaban de mayor vitalidad, a los propios druidas se les concedía el don de adivinar el futuro, los límites entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos desaparecían completamente, e incluso, que los fantasmas de los muertos venían del otro mundo a llevarse consigo a los vivos. Por eso, en la noche de Samhain los druidas preparaban enormes fogatas y hacían conjuros, intentando ahuyentar a los malos espíritus, y la gente dejaba dulces o comida a la puerta de sus casas, en la superstición de que los difuntos, a quienes las leyendas les atribuían la autoría de las más crueles atrocidades, se irían contentos y les dejarían en paz. En aquellas gentes, para las que cualquier hecho de la naturaleza era poco menos que profético, la noche de Samhain abría el largo y crudo invierno por el que vagaban perdidos los fantasmas de los muertos del último año en busca de cuerpos que poseer para transitar al otro mundo, hasta la llegada de la primavera cuando los días son más largos y las tinieblas menguan.





